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Cerrado por dentro. Crisis cultural en la administración municipal de Roberto Neira en Temuco

Patricio Alvarado critica la gestión cultural del alcalde Neira en Temuco, señalando una serie de acciones que precarizan el ámbito literario de la región

En diciembre del año 2022 la Municipalidad de Temuco, durante el segundo año de administración alcaldicia de Roberto Neira, organizó la Tercera feria del libro municipal en la plaza Aníbal Pinto de Temuco. La programación oficial discriminó a todas las escritoras y mujeres poetas, quienes quedaron fuera de la planificación de las actividades. Previamente solo fueron consideradas Paola Linconao y Carolina Quijón; la primera para realizar una presentación musical, la segunda para participar de una actividad infantil. Como suele suceder históricamente: cuando son incluidas, suele ser a expensas del espectáculo lateral o de los espacios destinados para las infancias. El funcionario municipal a cargo, Rodrigo Hiriarte, solo se limitó a culpar a las editoriales sin asumir el error, es decir, ni siquiera percatándose de que él, ni ningún otro funcionario, había redactado ninguna base para las pocas editoriales que asistieron a la convocatoria de la feria, demostrando que ni siquiera había una curatoría razonada.

Que la discriminación de género se haya hecho presente en una situación así una vez más, fue solo uno de los problemas de la feria: el programa se hizo tarde, incompleto e irrelevante en términos culturales, dejando de lado a las principales escrituras de la ciudad. Por otro lado, hasta los días previos, no había certeza del lugar ni de los horarios ni la consistencia de sus actividades, lo que fue comunicado un par de días antes del evento. Tampoco fueron respetados los tiempos que impuso la propia programación ni hubo una difusión funcional mínima, viéndose reflejado en la baja afluencia de lectores. A pesar de su instalación en un punto neurálgico de la ciudad, de la infraestructura y del financiamiento, todo el despliegue consistió en un fracaso. No resulta extraño, sin embargo, si observamos la formación literaria y experiencia, a diferencia de decenas de gestores y especialistas en la ciudad. El problema no fue la falta de dinero, ni la ausencia de capital humano en Temuco, ni de las condiciones en general. Por el contrario, fue una mezcla de inoperancia y de ausencia de especialistas en la organización, desperdiciando los recursos que no sobran en este campo. Pero también fue debido a un problema repetitivo a estas alturas en los organismos públicos de Temuco: la planificación a puertas cerradas de los funcionarios, a espaldas de la ciudadanía y de los agentes e investigadores locales con trayectorias relevantes.

Un año y un mes más tarde, esta vez lejos de Temuco, un caso de censura tuvo alcances mundiales debido a la difusión masiva de su protagonista, la escritora Isabel Allende, cuyos libros La casa de los espíritus (1982) y Más allá del invierno (2017) fueron prohibidos mediante una ley promulgada por Ron DeSantis, gobernador de Florida en Estados Unidos por el partido republicano, a finales de 2023, atentando contra la libre expresión y, ante todo, contra el conocimiento humano. Independientemente de nuestro interés por la obra de la autora chilena, el caso significó un retroceso cultural, prohibiendo, además, a una larga lista de reconocidas autorías. La relación de este caso con la ciudad de Temuco y su municipalidad no tendría sentido sino fuera por el propio Neira, quien intentó sacar partido mediáticamente al difundir un mensaje público que envió a la autora a través sus redes sociales: «Estimada Isabel, desde el sur de Chile he recibido con tristeza la decisión ignorante y aberrante de prohibir tus libros en USA. Por eso hemos decretado el año 2024 como el año de la lectura (…)».

Que el alcalde de una ciudad como Temuco, a más de siete mil kilómetros de distancia de Florida, tenga interés en el panorama literario mundial y sus alcances en el país del norte, o simplemente como un acto de empatía, no significaría ningún problema. Incluso la torpeza mediática, observando las acciones previas ejecutadas por su administración, sería solo un desliz sin mayor interés, sino fuera por los groseros y permanentes errores que, más allá de los buenos deseos entregados a Isabel Allende, son un modo permanente de operar. Cuando decimos que se trata de errores, quizás es un eufemismo para señalar la falta de probidad y el secuestro de los recursos públicos por parte de unos pocos, en una ciudad y una región donde la actividad cultural y literaria está precarizada , los puestos de trabajo son escasos —durante el trimestre junio-agosto de 2024 la tasa de desocupación general en la región ascendió a un 11,2% —, y donde la labor de quienes se dedican a la escritura y a la edición profesionalmente ha sido vital para el desarrollo regional.

La relación de la censura a Isabel Allende en Estados Unidos con la ciudad de Temuco y su municipalidad no tendría sentido sino fuera por el propio Neira, quien intentó sacar partido mediáticamente al difundir un mensaje público que envió a la autora a través sus redes sociales:

El propio Concurso de poesía realizado el 17 de julio de 2023 en el Centro Comunitario Amanecer, y organizado por los mismos funcionarios municipales, es otro ejemplo de esta gestión. Su principal difusión oficial se realizó a través de redes sociales de la Biblioteca Municipal Galo Sepúlveda, y hasta el día de hoy se desconocen sus bases, la conformación del jurado y las personas ganadoras que se adjudicaron el premio, a pesar de que demandamos información mediante los mismos canales, logrando solo evasivas. Cuando señalé la incongruencia y exigí explicaciones públicamente por el oportunismo mediático, irónicamente fui censurado por el propio Neira, cuyas irregularidades ya habíamos denunciado anteriormente, y quien ya había hecho oídos sordos en vez de responder por las acciones de sus funcionarios.

En perspectiva, luego de la escena mediática con Isabel Allende, resulta aun más llamativo que el viernes 28 de junio de 2024, durante la realización autoconvocada del Segundo Encuentro de Escritura de Mujeres Mapuche en la Galería municipal Plaza Aníbal Pinto de Temuco, una actividad abierta y gratuita para la comunidad, los guardias recibieron la instrucción de evitar el ingreso del público. Al igual que en la feria del libro, fui testigo presencial de la nueva censura. Pero lejos de tomar conciencia, el uso de recursos a puertas cerradas tuvo otro epítome hace algunos meses, esta vez para la conmemoración del natalicio de Pablo Neruda en el Museo Nacional Ferroviario que lleva su nombre, el cual es administrado por la misma municipalidad, y cuyas instalaciones fueron continente de una actividad que congregó a un irregular grupo de asistentes seleccionados a dedo. En este mismo espacio, lejos de la ciudadanía, Neira anunció el apoyo municipal al Premio nacional de literatura de este año a José María Memet frente a las mesas servidas con un menú a expensas del erario público. Una decisión que tomó por sorpresa hasta la persona menos informada del campo literario, pues aun no sabemos bajo qué sustento y con el apoyo de qué especialistas o asesores tuvo una idea que desde todo punto de vista naufragaría. Y este año pasó lo más justo y lógico: el premio lo obtuvo, como muchos vaticinamos y celebramos, la poeta Elvira Hernández. Un cuadro similar tuvo lugar un par de días más tarde, en un viaje en un tren patrimonial donde el alcalde y sus funcionarios se repitieron el plato.

Estas escenas son comunes. Mayores o menores problemas hunden una administración municipal que debería responder a fines más altos. La feria del libro en la plaza Aníbal Pinto no se volvió a realizar. De hecho, en un esfuerzo conjunto con la Seremi, se han realizado dos ferias de libro llamadas La fiesta del libro, donde nuevamente se ofrecieron problemas de programación, y aunque hubo la suerte de contar con Rosabetty Muñoz y otras autorías, el programa se rellenó con invitados irrelevantes seleccionados vaya uno a saber por cuáles especialistas, utilizando un centro comercial privado de capa caída que vio reactivado su flujo debido al profundo interés de las y los lectores de la ciudad que demandan estas instancias, perjudicando una asistencia aun mayor debido a su localización, en vez de abrir los espacios ciudadanos neurálgicos destinados para estas actividades. Algunos de los cuales, entre la gobernación de Luciano Rivas, han dejado podrirse, literalmente, como ha sucedido con el Pabellón de La Araucanía , instalado luego de una fuerte inyección económica pública y sin que ninguna institución se hiciera cargo de esto.

En cuanto al desarrollo literario de Temuco, observamos un sostenido crecimiento, generalmente a espaldas de las instituciones públicas y privadas.

Hasta la actualidad, la municipalidad ni siquiera ha sido capaz de utilizar los datos que recogen en cada actividad de divulgación literaria, a través del uso del servicio de mailing para difundir la programación entre quienes asistimos regularmente a las instancias que han levantado y gestionado algunas editoriales que utilizan las dependencias municipales. Esto no solo afecta la autogestión, sino también las convocatorias que surgen de manera espontánea y sin mayor planificación por parte de la municipalidad, como el Primer Festival de video poesía, cuyo alcance pudo haber sido importante si se hubiesen realizado estos y otros pequeños cambios. Quizás uno de los eventos más groseros lo vimos recientemente en la charla «Poesía mapuche actual» el 22 de octubre de este año, coordinada por la Biblioteca Galo Sepúlveda, la cual contó con importantes escritores locales como Klaura Anchío y Cristian Cayupan, a la cual asistimos cinco personas en total, quienes esperamos pacientemente que el funcionario ordene una sala tarde y mal, luego de postergar por una semana la misma charla, y llegando a delegar la moderación de la mesa a una de las asistentes veinte minutos más tarde de su inicio nominal. Que una ciudad que cuenta con más de trescientos mil habitantes logre esa convocatoria, solo se explica por la nula difusión deliberada, de la cual no se hicieron eco ni siquiera las redes oficiales de la municipalidad. Por supuesto todos, menos el funcionario municipal, participaron solo por amor al arte. Y aunque quedan muchas cosas por esclarecer, como la gestión financiera y el trato con las y los poetas del voluble ciclo «Temuco: poesía reunida», a cargo de Ramiro Villarroel —aun no sabemos bajo qué convocatoria o quién considero que esta persona sería un especialista adecuado para llevar a cabo este ciclo—, donde el uso correcto de la base de datos que exigen policialmente al acceso a la biblioteca pública hubiera evitado que muchas de sus fechas hayan acogido, con suerte, a una decena de asistentes.

Para quienes nos hemos dedicado a trabajar profesionalmente, investigar y realizar gestión en el campo artístico y literario de la ciudad de Temuco, resulta urgente y vital revisar el modo en que la institución y sus funcionarios han organizado y distribuido los espacios, las condiciones materiales y el financiamiento para su desarrollo. Muchas veces se ha señalado que el arte, y especialmente la literatura —no precisamente la lectura—, indistintamente del punto geográfico, suele quedar en el patio trasero de las administraciones, siendo considerada una actividad suntuaria, decorativa o de simple entretención. La identidad —o las identidades— de la ciudad de Temuco se ha conformado por factores principalmente culturales. Identidades que lógicamente se sustentan en la presencia ancestral del pueblo mapuche, así como también en la histórica relación con las culturas provenientes de las diferentes invasiones a lo largo de la historia, frente a las cuales se mantiene una tensión al día de hoy, como se observa en la militarización y el estado de excepción en la región por parte del Estado chileno. En términos sociales, Temuco, así como la región completa, ostenta los índices más altos de segregación y desigualdad socioeconómica del país durante los últimos años, así como sus indicadores de extractivismo y contaminación . Los números están a la vista y no es necesario ahondar en estos aspectos. Lo que es patente, al final de todo, es que tal segregación se amplía en el ámbito literario, amplificando los alcances de un sistema violento que no surge de forma abstracta, sino a través de personas detrás de estas decisiones.

En cuanto al desarrollo literario de Temuco, observamos un sostenido crecimiento, generalmente a espaldas de las instituciones públicas y privadas. Sabemos que, con las decisiones correctas, puede cambiar profundamente una sociedad. El campo de la poesía en este territorio, por ejemplo, es una de las labores más relevantes a lo largo de su pasado y de su presente. No solo bajo la totémica figura de Pablo Neruda, de la cual permanentemente se saca provecho con museos, actividades y celebraciones en su nombre, sino que con un caudal histórico de escrituras. Hemos sido los mismos escritores y escritoras de la ciudad quienes nos hemos tenido que dedicar a realizar labores de autogestión, investigación académica, edición y difusión. En un monográfico dedicado al campo editorial del sur , así como en la antología preparada para la revista Vallejo & Co. , hemos hecho un recuento del poderoso río de nombres que sustentan esta afirmación. De hecho, el año pasado fui jurado y editor de la colección de poesía Yosuke Kuramochi de la Universidad Católica de Temuco , en cuya convocatoria se comprobó el alto interés por parte de poetas locales por encontrar un espacio de divulgación y difusión, y que se vio sostenido por la masiva respuesta de lectoras y lectores de la región y del país.

Sin embargo, asistimos diariamente a los múltiples esfuerzos de la administración municipal de Neira por desactivar y neutralizar el trabajo literario. Pareciera consecuencia de un conjunto de acciones deliberadas por cometer una y otra vez los mismos errores, como lo hemos comprobado nuevamente con la presentación del libro En el fondo de un bolso verde (FCE, 2024) del importante autor Ricardo Fuentealba Rivera —Premio Coré por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y Premio a la Edición 2022 por la Cámara Chilena del Libro, entre otros—, cuyo compromiso firmado por la misma administración de Neira para presentarlo en las instalaciones municipales no fue respetado por sus propios funcionarios municipales y, por lo tanto, no se llevó a cabo, a pesar de haber sido un proyecto patrocinado por el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura, desperdiciando y negando una oportunidad gratuita y relevante para la ciudadanía.

No se trata de decir que con la administración anterior la situación era mejor. Por el contrario, pensar que la herencia más lamentable de la dictadura cívico-militar personificada en Miguel Becker, ex alcalde de Temuco, fue superada y que ahora nos encontramos mejor, es desconocer la profundidad del problema. Tampoco es interés de esta investigación propiciar réditos electorales a otros candidatos. Al margen de todo, conocemos los daños irreparables que han legado las administraciones aun más cercanas a la derecha. Como sea, a estas alturas del siglo XXI no es aceptable improvisar en estos cargos, dejando las responsabilidades en manos de personas y administraciones que carecen de formación, trayectoria, investigación y gestión en los temas que les convocan, ni despreciar la relevancia del campo literario en una ciudad que precisamente ha nutrido su identidad por la convergencia de culturas y de su producción literaria, a pesar de las inercias y las puertas que persiste en cerrar Neira. Es necesario dejar en el pasado la administración de una ciudad como un feudo o un fundo de la Ocupación y comprender, de una vez por todas, que un funcionario público no es una autoridad, sino una persona al servicio de los ciudadanos y ciudadanas; y que el poder soberano se les ha concedido para administrar por un tiempo limitado nuestros recursos, y no para ejercer el poder a espaldas de lo que prometieron representar.

Las opiniones expresadas en esta columna responden a la visión del autor y no representan necesariamente al medio

Patricio Alvarado es Doctor en Literatura y escritor

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