Tenemos poco tiempo para hablar. Solo una hora apurada entre reuniones. Antes había imaginado mi entrevista ideal con Fernanda Trías: probablemente en una cafetería austera, tomando café en vasos compostables. Me pregunto que pediría ella, ya que en los tiempos pre pandemia, cuando el cara a cara me parecía fundamental para lograr una buena entrevista, tendía a imitar lo que hiciera mi entrevistada: pedir lo mismo que ella; si fumaba, pedir que me enrolara un cigarro, mirarla directamente a los ojos.
¿Te acuerdas de cómo nos conocimos?
Sí me acuerdo, vos acabas de sacar Reinos y estuvimos en una mesa de la FILSA. Me acuerdo que fue una mesa accidentada, algo había pasado, uno de los autores había tenido una tragedia familiar, no me acuerdo de qué. Después me alegró mucho ver que tu libro había salido en Uruguay.
Sí, me encanta Uruguay, digo sonrojada a través de la pantalla. Mi ideal no se concreta, ya que Fernanda vive en Bogotá y yo en Santiago de Chile, pero pienso que la pandemia naturalizó mucho el contacto íntimo por la pantalla siempre sobreexpuesta del computador. Así que, como toda buena periodista, quise empaparme de su vibra con todo lo que pudiese encontrar en ese rectángulo luminoso: una repisa con pocos libros, una pared blanca, los maullidos de un gato. Su moño desgarbado, el rostro sin maquillaje y un polerón café, a la moda. Una vibra nude, natural, auténtica. No puedo evitar preguntarme qué vibra habré dado yo, ya que la entrevista la hacemos la tarde del 5 de septiembre, ya conociendo el resultado de un plebiscito esperado hace años por mí. Me siento triste, defraudada, pero defraudada de mí misma. Y recuerdo que muchas otras veces la literatura me salvó de tener que vivir la horrible realidad que a veces se asoma. Cuando el mundo está mal, nunca dudo de la literatura, mi religión.
Desde que supe que Fernanda ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz el 2021 por su novela Mugre Rosa, una distopia que dialoga, o espejea, la actual crisis ambiental, quise entrevistarla. En realidad, hablar con ella de escritora a escritora, también de chilena a uruguaya, y de latinoamericana a latinoamericana. Y, ¿por qué no?, de mujer a mujer.

¿Te has decolorado el pelo?
No. A veces lo pienso pero después me da pereza, soy muy de lo cómodo, no soy de peluquería, de pintarme las uñas, pero por pereza y no querer invertir mi tiempo en eso.
¿Eres chistosa o más bien seria?
Tengo mucho humor con las personas con las que realmente me abro, que son pocas, porque soy introvertida, soy tímida, y me cuesta abrirme a los demás. Entonces recién cuando entro en confianza y siento que puedo ser vulnerable, ahí sale a relucir mi humor que casi siempre sorprende a la gente.
Tienes 13 años, ¿qué es lo que más te avergüenza?
A los 13 era supremamente introvertida y un bicho raro y me daba mucha vergüenza hablar con desconocidos, incluso preguntar una cosa simple como la calle, la hora, tener que iniciar una conversación con un desconocido era como mandarme a la hoguera. Mi padre me obligaba a entrar a preguntar a la tienda para tratar supuestamente de hacerme sobrepasar esa dificultad horrible de hablar, y fue de las cosas más traumáticas que me hicieron en la vida, era como si me fueran a matar y yo decía ¡no quiero, no quiero!
¿Te han tratado de mala persona?
Me han tratado de todo un poco en esta vida. de buena, sí, Tengo unos estudiantes que, una vez me indigné, porque me dijeron que yo era maternal. Estaban comparándome con otra profesora que les había dado clases y era muy dura, y yo maternal. Eso me parecía muy negativo.
¿Sabes del proceso constitucional en Chile?
Lo seguí. Como muchos la verdad es que me apenó bastante, sobre todo por las amigas que tengo allá, y ver la ilusión, cuánto trabajaron militando, pero a su vez ya me he vuelto escéptica de estas herramientas.
“Estas luchas para derrocar estas energías tan oscuras no van a ser de un día para el otro, ni fáciles. En vez de tener una actitud derrotista, rescatar que el 39% de la población sí aprobó, y de ahí seguir trabajando. Es muy lento el cambio social en relación a la vida de un individuo, pero hay que confiar que la lucha se pasa de generación en generación, que no necesariamente una lo va a ver concretarse”.
Fernanda me dice que, en su vida, ya ha visto tres plebiscitos ser rechazados: El plebiscito por el Acuerdo de Paz que vivió Colombia el 2016, y dos plebiscitos por la ley de caducidad (de la pretensión punitiva del Estado) en Uruguay, para juzgar crímenes de lesa humanidad, en 1986 y 2009. De ahí que le apena, pero no le sorprende; por otro lado está consciente de las campañas de desinformación que consistentemente ocupa la derecha, sea de donde sea. Le pido a Fernanda que defina tres palabras para Chile, que nos dedique unas palabras, que nos dé una bendición.
“Las palabras que me vienen son lucha, diversidad y feminismo porque veo un trabajo de las mujeres muy fuerte que desearía que se reprodujera en Uruguay y Colombia, que son los dos países que son como míos y están más atrás. Veo a Chile con mucha admiración, sobre todo el movimiento de las escritoras”.
¿Algo que siempre es positivo? El diálogo
La entrevista ideal sería de día. Probablemente llevaría mis libros de Fernanda para ser firmados, y leería la dedicatoria después de despedirme, por supuesto esperando un mensaje personal. Aunque yo misma sé que las escritoras terminamos, en la mayoría de los casos, definiendo un mensaje tipo, para no demorarnos en descifrar los sentimientos de los lectores.

Mis libros de Fernanda: La ciudad invencible. Doloroso pues como la protagonista, fui también migrante y me tocó enfrentar las dificultades y confusiones existenciales que conlleva la violencia de género cuando no tienes redes de apoyo. “La medida de mi amor”, y “Último verano”, cuentos de No soñarás flores, que he estudiado en solitario y en talleres feministas y de escritura. Finalmente, La azotea, libro extraño, difícil, con la historia de un incesto que me parece incluso incorrecta de escribir. Este en particular lo leí cuando estudié literatura latinoamericana en la UBA, en un ramo llamado “Maternidad y política”. Tengo acá mi cuaderno rosa, con stickers coreanos, marca Rivadavia, fechado en el primer semestre del 2017. ¿Por qué rosa? Leí en alguna entrevista a Fernanda, a propósito de su novela Mugre rosa, que era un color que parecía inocuo. Curiosamente estoy pasando por una era rosa. Obviamente sé que está de moda, pero también ¿por qué una elige unas modas por sobre otras? Usar rosado me parece como un eco de la infancia, una reapropiación de esa feminidad, una forma de dulcificarse aunque una sea amarga. Reviso mis notas de ese cuaderno: qué son las mujeres, qué es lo femenino, qué implica pensar la maternidad. Nacer: relación entre el cuerpo de la madre y el niño.
Le comento a Fernanda que leí La azotea como parte de un curso de literatura en la UBA. Me dice que no sabía que se enseñaba ahí, pero que conoce a Nora Domíguez, y sabe que ha leído sus libros. Me acuerdo de Nora Domínguez, de sus clases, enseñándome tanto teoría literaria como feminismo. Una mujer coja, intensa, de pelo negro. También me acuerdo de mi actitud general en ese ramo: incómoda, desconcertada. En permanente wow. Y súper odiosa también: Me carga la literatura feminista. No la soporto. La concreción del patriarcado en el cuerpo, y su experiencia me hace doler, me cierra la garganta. además con la Nora Domínguez que me recuerda a mi madre. ¿Estará loca mi madre?
Mugre rosa también lo tengo, pero no en mis manos, pues se lo preste a una amiga que ha decidido volver a leer, después de años de no hacerlo. Ella dice que le gusta, que se trata de un puerto donde el aire es irrespirable, y hay una mujer que quiere irse, y un niño que come y come nunca se llena. Libro que le valió a Fernanda el premio sor Juana, entregado por la universidad de Guadalajara, una ciudad que es uno de los centros literarios de la periferia latinoamericana. Algo que, en mi opinión, te consolida, y te da un lugar en la serie contrahegemonica de la literatura de mujeres.
¿Cuándo conociste a Sor Juana Inés de la Cruz?
Por allá en el año 90 y pico conocí a Mario Levrero que fue mi amigo y tutor, mi maestro. Él era muy místico y leía mucho autoras y autores como San Juan de la Cruz, y las moradas de Teresa de Ávila, y creo que por aquella época leí algunas cosas de sor Juana que él hacía circular, porque teníamos una amiga en común que se hacía llamar sor Juana, ese era su apodo, y por aquella época leí algunas cosas sobre su vida, la figura de lo que ella representaba. de ahí a imaginar que iba a tener algún vínculo más allá de eso era impensado.
Le cuento a Fernanda que compré Mugre rosa cuando fui a lanzar Reinos a Montevideo, en un local de chicos anarquistas, y me cuestioné si la edición era pirata, y si lo fue, que me parecería algo positivo, porque significa que ya pasaste a ese nivel. La cosa es que desde ese momento quise entrevistarla. A propósito de la anécdota le pregunto si cree en las profecías autocumplidas, es decir a esa cultura empoderante del “decrétalo”.
No, no creo, dice. Sí que hay personas con gran capacidad de llevar mediante la fuerza de voluntad las cosas adelante, pero yo no soy afín a esa actitud. Me parece que esa actitud positiva de creer realmente que yo puedo decretar mi éxito tiene una contracara de que si no sos exitoso es tu culpa, y eso no creo que sea así, creo que hay muchísimos motivos… Es como pensar que las personas son pobres porque quieren, no tienen la fuerza de voluntad para decir voy a dejar de ser pobre. Creo que escribir puede decretar cosas, por eso creo que es muy poderosa la escritura, y hay que tener cuidado con lo que se escribe o no.
No puedo evitar pensar en que cuando era adolescente, y hasta ahora, fui fan de Nick Cave, sigue Fernanda. Y bueno, todas las letras de las canciones, todos sus libros son oscuros y siempre hay muertes y una cosa que pareciera invocar una desgracia. Creo que el 2015 muere su hijo adolescente, y no pude evitar pensar que tenía que ver con su escritura. Hace poco se le murió otro hijo más. ¿Cuál es estadísticamente la chance de que se te mueran dos de tres hijos?”
No conozco a Nick Cave y busco su canción más escuchada de Spotify: O Children. La primera estrofa dice así:
Pass me that lovely little gun
My dear, my darling one
The cleaners are coming, one by one
You don’t even want to let them start
No me interesa entretener
Oscurece en una de las últimas noches de invierno en Santiago. Estoy sentada en mi escritorio, escribiendo esta entrevista el 6 de septiembre, observando la torre 10 del San Borja. Veo lo terrible de mi desorden. Una de mis máximas es que mi realidad material es la representación de mi mente. Y así me siento, como las sábanas y las frazadas arrumbadas de mi cama para recordarme, a la fuerza, que tengo que cambiarlas. Un rincón con ropa sucia, una bolsa de ropa limpia que no he guardado. Entre medio aparece mi gata y me maúlla pidiendo que limpie su fuente de agua. Porque ando en una actitud del filo, esta soy y me da lo mismo, porque ahora todo me da lo mismo.
¿Tienes fotos con fantasmas?
Mmm, no creo que no, pero sí creo en los fantasmas. Hace poco me estaban haciendo una entrevista en Argentina y me preguntaban por el terror, y yo decía que los fantasmas nunca me asustaron, y traté de entender por qué. Nunca me asustaron porque siempre asumí natural que existieran. Una vez íbamos con Levrero por 18 de julio hasta la Intendencia, íbamos por la Plaza Libertad y él se pone pálido y me dice ¿viste quién pasó? y yo dije no, ¿quién pasó? era Gerard de Nerval ¿Cómo? sí, sí, era su fantasma, y él estaba convencido. Yo no lo vi pero le creí, y siempre él hablaba de fantasmas todo el tiempo y yo le creía con toda naturalidad, y me asustaban menos a mí que a él. Lo que me da miedo son los vivos, hay muchos vivos que sí me dan miedo.
Unos versos googleados del poeta francés y romántico:
¿Soy Amor o soy Febo?.. Soy Lusignan o ¿Biron?
Mi frente aún enrojecida con el beso de la Reina;
he soñado en la Gruta donde nada la Sirena…
(El desdichado)
Interrumpo el diálogo para contarle a Fernanda que Campo de batalla me pide indagar en sus influencias literarias. Es una parte clásica, pero difícil para la entrevistada, pero para mi una oportunidad única de conocer los referentes de una escritora admirada. Parto por sus vínculos con Chile.
¿Siempre supiste que Gabriela Mistral era lesbiana?
No creo, sé que leí a Mistral en el liceo donde obviamente no se hablaban de esas cosas. No sé cuándo me enteré pero posiblemente me habré enterado gracias a las escritoras feministas que han puesto de manifiesto estas cosas y estuvo bueno enterarme porque fue que de pronto se te revelara toda una poesía que no habías visto.
¿Cuáles son tus escritoras chilenas favoritas?
Cynthia Rimsky, Diamela Eltit. Y mis contemporáneas que admiro mucho: Nona Fernández Alejandra Costamagna, Lina Meruane.
¿Tienes una imagen de tus lectores?
No, no sé… sí para mi la lectora ideal es alguien que no privilegia la trama. Digamos que entretener al lector no es mi objetivo, y como lectora no estoy esperando que me entretenga el libro. Lo que espero es que el libro me haga atravesar una experiencia, de cualquier tipo y que me produzca emociones ya sean buenas, malas, negativas o difíciles, de cualquier tipo. El entretenimiento lo asocio con escapismo, y se lo dejo a Netflix y a las series, pero la literatura para mí tiene que ser una experiencia incómoda, como atravesar algo, y mi lectora ideal sería alguien que entienda la literatura de esa manera.
¿Cuál es tu autor clásico favorito?
Habría que preguntarse qué es clásico, no puedo decir un favorito porque mis favoritos van mutando con el tiempo y mis intereses del momento. Por hablar de uno que no pasa de moda podría decir Kafka.
¿Tu escritor uruguayo favorito?
Son tan diferentes unos de otros que es difícil- difícil, Feliberto Hernández.
Mario Benedetti es cursi ¿sí o no?
Sí, un poco la verdad.
¿Te gusta algún autor cancelado, un agresor físico, psicológico, sexual?
No sé quién lo hizo. De los que me gustan, no me suena, sin embargo sabemos la figura controversial que fue Ezra Pound, y Celine. Creo que hay alguien, quizás algunas cosas controversiales sobre Salinger. Salinger fue mucho tiempo de mis escritores favoritos, en ese sentido sí pienso que hay que separar la obra del autor, sin embargo muchos autores, porque la verdad que son hombres, que son maltratadores, abusadores, violadores o lo que sea, muchas veces su literatura es muy mala, porque hay una cosa que permea la escritura. si son genios absolutos que logran un arte sublime, la obra se separa del autor, y el tiempo es un juez implacable.
Define el estilo de tu novela.
Diría que es una mística poética apocalíptica.
¿Cuáles son tus distopias favoritas? Ya sea en la literatura o en el cine.
Solaris, la película. No leí el libro, pese a que me gusta el autor. Me gusta La carretera, de Cormac Mcarthy que fue uno de los interlocutores de Mugre rosa; El cuento de la criada y El nombre del mundo es bosque de Ursula K. Le Guin, me encanta, es una extraña distopía/utopía.
Una pregunta más de escritora, que tiene que ver con lo que a mí más me cuesta, que son los finales ¿Cómo escribir un final?
Es una cosa tan intuitiva, a mí me interesa terminarlo un paso antes de la resolución, este en el sentido de que en ese paso antes queda vibrando la resolución y queda en el lector escribir su final, pero no de una manera simplista como para no tener que pensar un final, cuando te detenés un paso antes de un final que sabes que es se nota, y si haces lo otro, tambié se nota.
¿Conoces la rivalidad literaria en José María Arguedas y Julio Cortázar? En la época del boom, ambos tenía visiones opuestas de cómo tenía que ser la izquierda latinoamericana, y algo así como la literatura consciente, donde Arguedas pensaba en algo local, ver cuál era la necesidad de Latinoamérica y desde ahí construir izquierda; y Cortázar más europeo, con la idea de copiar lo de Europa y traerlo para acá. ¿De qué lado estarías, de Cortázar o de Arguedas?
La literatura latinoamericana muy europeizada a la que se refiere Cortázar, que el equivalente hoy sería muy estadounidense, agringada, no me interesa particularmente. son literaturas del tema, donde lo importante es el tema y se preocupan mucho por entretener, por donde están los giros.
Una vez escuché a Gabriela Cabezón en un conversatorio y le preguntaron por dónde ponía el giro de la trama, y ella dijo “Esto es literatura, no estoy escribiendo para Hollywood, no necesito un giro, no me importa.” Son dos preocupaciones que parecen ser de esta manera de entender la literatura: una novela que luego se pueda hacer en película. Entonces prefiero más la literatura latinoamericana como yo la entiendo, que es lo que me gusta: que es lado B, ya que por más central que sea, incluso de los centros que son México y Buenos Aires, aun así es periférica. Y entonces para mí la literatura latinoamericana es lado B, son todas esas canciones lado B que son interesantes por su rareza. Entonces me quedaría con Arguedas.

