Demencial y adictiva. Crítica de Safari, de Pablo Toro.

Un texto delirante que explora la violencia en sus distintas formas, en escenarios que transitan desde la cultura de masas a los traumas de la Dictadura.

Primera escena: un grupo de turistas, entre ellos dos chilenos mercenarios de una empresa privada, durante la guerra de Irak, se preparan para una aventura que consiste en ir en captura de un camello. En el transcurso se insertan en el espanto de una invasión estadounidense y participan de una expedición sin precedentes. Sus capacidades son llevadas al límite. Se les prepara intensamente y se les y advierte por especialistas en guerras sobre el peligro que se aproxima. Para ellos respetar las ordenes es normal y sólo guardan silencio y acatan los mandatos. Todo se transforma en una seguidilla de acciones crueles, que incluyen severas torturas, personas mutiladas o torturadas hasta el extremo. Todas estas acciones son descritas por el autor de manera delicada y cuidada, muchas veces grotesca, como en aquella en que uno de los personajes se defeca en sus pantalones. También están las obsesiones y los miedos que dan luz verde a lo más brutal del ser humano. A toda esa maldad que se anida al interior de cada uno y que, de pronto, si es estimulada de la manera correcta, puede explotar sin mediar consecuencias.

Safari, la primera novela del guionista Pablo Toro (1983) publicada por Montacerdos, sucede al impecable libro de cuentos Hombres maravillosos y vulnerables (Calabaza del Diablo, 2010), que dio luces sobre la calidad literaria y el estilo delirante y crudo de la narrativa de Toro. Sin embargo, en este libro el autor arriesgó todo, y se la jugó por un texto extraño, pero sumamente envolvente. Un volumen que refresca la narrativa chilena con un asunto central único y delirante, mas completamente comprensible. Se trata de un texto donde desfilan un sinfín de personajes, escenarios macabros, ambientes en donde la humanidad se ha perdido a sí misma entre viseras y cuerpos mutilados. Entonces, la bestia que duerme en cada uno es despertada.

Un volumen que refresca la narrativa chilena con un asunto central único y delirante, mas completamente comprensible.

Segunda escena: la novela da un giro para dar paso a un espacio dedicado a la infancia. Nos insertamos en un colegio inglés donde se venera el régimen y a su reina. Se entona su himno y se le rinde honores, cuestión a la que no todos los alumnos se suman, por el contrario, más de alguno lo detesta. Mientras tanto, en Chile Pinochet está internado en el Hospital Militar muy delicado de salud y la guerra de Irak se encuentra en pleno desarrollo. Pasa el tiempo, y finalmente el Dictador muere. Los militares le rinden honores, así como cientos de personas que lloran su partida llamándolo el salvador de la patria. Toro describe la escena de la muerte con detalles. Con claridad podemos ver cómo el cadáver de Pinochet se descompone lentamente, llenándose como una inmensa bolsa de basura de fluidos nauseabundos y gelatinosos, generando una imagen espeluznante. Cada noche, a puertas de conciliar el sueño, está la presencia de un pingüino realizando las más insólitas acciones. Esto se repite como el eco de un sinsentido que en ese momento cobra un valor que sólo el lector puede ponderar. Hay una caída. Extrema violencia. Convalecencia y miedo es lo que transmiten las páginas.

Tercera escena: mucho tiempo después, en voz de su protagonista, una mujer, se narra la experiencia de un viejo convicto, a quien le es ofrecida la libertad si es que participa en un safari humano, el cual es creado por una organización que parece tener control de todo el mundo. El escenario muestra a un Chile convulsionado por la salud del Dictador. Son estos indicios los que permiten comprender los factores psicológicos de los actantes y que posteriormente derivarán en un ambiente donde la humanidad parece dormida. El autor logra conectar tres novelas sin alterar la lectura. Estos capítulos tienen en común la visibilización de la fragilidad humana, lo endeble de la sociedad y de la política. Esta es quizás su mayor virtud y que muestra el oficio del escritor, capaz de crear mundos confusos, gráficos y contundentes. Los condenados se inscriben en un plan de libertad anticipada. Hombres que han cometido atrocidades son la presa asignada a cada cazador para ser eliminada, ojalá de la manera más brutal y descarnada posible, ya que el “mono” – los espectadores- así lo demandan. En ello se juegan su libertad. Es un show macabro que es observado en vivo por miles de personas. Las acciones se dividen en lo que fue antes y después de Fusión, que es una especie de demarcación que divide el antes y después del horror en dos mundos. La cacería continúa y el miedo oscurece las expectativas de los personajes y alimenta el morbo y perspectivas de los espectadores que se suman, dando vida a un ambiente lúgubre, donde la fragilidad del ser humano es expuesta de la manera más cruda posible. Tres espacios con tiempos diferentes unen a estas tres historias que indagan en lo frágil que es la sociedad, la política y la familia. Safari es una novela cuyo relato no llega a ningún futuro visible. Grafica lo cruel que puede llegar a ser el humano y lo etérea que es la esperanza que al perderse da paso a escenarios distópicos y peligrosos como una larga pesadilla donde la noche reina por siempre. Estamos frente a un texto sumamente original, arriesgado, lleno de vértigo y acción. Sin duda se trata de una de las mejores novelas publicadas en Chile este año. Demencial y adictiva. Una lectura muy recomendable.

Safari / Pablo Toro Montacerdos, 2021

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